Seguimiento de la farsa

Queridas criaturas: los adultos somos tan imaginativos en la farsa entre nosotros que queremos que tal característica se vaya desarrollando en vosotros también. Por eso nos inventamos todas las tretas del mundo para mantener las farsas de Papá Noêl – Reyes magos de cualquier modo a nuestro alcance. Así también podéis comprobar -o intentarlo- que todo el montaje es cierto como el cielo o el infierno. La tecnología puesta a nuestro alcance la usamos para todo esto y más. Por ello hemos puesto a vuestra disposición el seguimiento en internet del viaje de viejo barbudo imaginario y sus renos.

www.flightradar24.com/r3dno53

Véase que el nombre del vuelo es una variante de RED NOSE (nariz roja) como la del reno que guía el carro imaginario.

Nota para adultos: dios no existe, son los padres.

Otra nota para adultos: si esto hacemos con los niños, qué no harán los políticos con todos.

De Perogrullo capital, oiga.

Por si alguien duda de que en la mente de un comerciante navidad=regalo vean el ejemplo de escaparate de una óptica, farmacia, parafarmacia o similar junto a la plaza de Barcelona de Salamanca. Lo que importa es el regalo, gastar y hala, a otra cosa mariposa.

Tienen en el otro escaparate otros dos ejemplares del «atado como regalo», una idea ingeniosa sin duda.

Satisfacción asegurada

Están de moda hace tiempo las «super-mega-hiper-cestas» que llegan a cantidades exorbitantes que, a buen seguro, ya habrán visto uds. por ahí. La que nos ocupa hoy solo (solo) tiene 4 cifras según los organizadores: más de 5000€. No es mucho, pero como es una rifa que se realiza entre los compradores de los comercios de la calle mayor de Béjar pues tampoco está mal.

He aquí el principio de la lista de premios capturado por mi cámara traviesa.

Detrás de la máquina de idiotizar de ypico pulgadas (yo la tengo más grande, jjjj) se encuentra uno de los regalos estrellas de la temporada: el masturbador femenino. De ahí lo de «satisfacción asegurada» que da título a esta entrada. Pero quien por estas páginas pase se preguntará a qué viene esto, si no le voy a sacar punta. Veamos.

El otro día comentaba que el porcentaje de decoraciones religiosas de los comerciantes de esta calle nos podría servir como indicación de lo que le importa la religión a la inmensa mayoría de la población. Eso en un país como este que fue «reserva espiritual de occidente» viene a indicar que las gentes por fin empiezan a mirar a lugares que no les indican desde el púlpito, sino desde la tele. Algo es algo, porque al menos de momento no se ha matado y torturado gente en nombre de la caja tonta. En ese sentido es de admirar que los comerciantes incluyan un masturbador femenino entre sus regalos. No queda ahí la cosa, queridos niños: LO PONEN EN EL ESCAPARATE. ¡Si San Fran Bahamonde levantara la cabeza! ¿No lo creen? Pues aquí está la documentación gráfica que lo atestigua.

También hay otros regalos que no han tenido tanto cuidado en empaquetar, como es el caso de las semiconservas de pescado que más abajo pueden ver y que, aunque debieran, no están debidamente refrigeradas. Vale que el escaparate da al norte y en Béjar hace frío, pero arriesgarse así, alegremente, a estropearle la sesión de Satisfyer a la agraciada en el sorteo…

A modo de colofón: me alegra bastante que haya estos guiños de modernidad incluso en lugares pequeños y provincianos. Algo se mueve, aunque sea poco, a pesar de que ciertas instituciones les suenen las tripas.

Admitir la derrota

No siempre se puede ganar la guerra esta de «yo la tengo más grande» (la decoración navideña, se entiende) porque el coste o el tiempo dedicado pueden llegar a ser inasumibles. Se agachan las orejas, se mete el rabo (el raboooooo) entre las piernas y se admite la derrota. Con deportividad, sin acritud. Vean el ejemplo de esta situación en algún lugar perdido de yanquilandia.

Y todo por la puta envidia, hay que ver.

Sin comentarios (o casi)

Vean estos dos ejemplos de decoraciones horrorosas de sendos árboles de navidad. Es que para hacer decoraciones de bajo coste hay que tener buen gusto e imaginación, o si no, copiar que es más efectivo. Estos que acompaño no son para copiar, ciertamente.

Otro modo

Cuando alguien es consciente a priori de que «yo no la puedo tener más grande» tiene que optar por otra versión: tengo más. Este es el caso de la foto, que como no podía hacer la decoración masás grande, pues puso dos arbolitos. Uno dentro de casa y otro fuera, ocupando toda la altura del balcón.

Muuuuucho laicismo

Ayer, mientras daba una vuelta por la ciudad-pueblo, me dediqué a hacer una estadística. Entre el principio y el final de la calle comercial por antonomasia de Béjar, conté hasta 53 escaparates de tiendas con decoraciones navideñas. También había 10 sin decoración alguna, no vayan a creer que todo el campo es orégano. Pues resulta que de las 53 decoraciones había tres con motivos religiosos y el resto más paganos que el que escribe, que ya es decir.

Esto se da en una ciudad que hace un siglo y medio se agitaba contra los poderes establecidos (28 de septiembre de 1868), aún siguió haciendo la cusca al poder hasta bien entrado el siglo XX (huelga de 1913). Pero después fue arrullada durante años por las cantinelas de la iglesia y los palos del fascismo, en tiempos que acabaron con su espíritu de rebeldía a base de coscorrones y que continuaron quizá por inercia o quizá por costumbre, pero así ha sido y sigue siendo en buena medida. Sin embargo la sociedad cambia y sus componentes van -vamos- haciendo el camino al andar. Hoy día no hay presión social ciudadana para la colocación de las decoraciones navideñas y por esa relativa libertad de expresión cada uno escoge como le da la gana sin que haya un dedo acusador marcando a la oveja que descarría.

La estadística simplota de ayer (con los números citados) nos indica que hay aprox. un 15% de comerciantes a los que la navidad se la refanfinfla, un 85% a los que el tema religioso no les importa o no lo suficiente para hacer gala de ello en sus negocios. Y el restante 5% de la población mercantil (esos 3 citados) interesada en la religión en estas fechas. Señores curas (aquí solo cabe el masculino de momento) vayan tomando nota: el depósito hace tiempo que encendió la luz de la reserva y han seguido circulando como si tal. Sigan, sigan, el motor se parará tarde o temprano. Lo mismo pasa con la tauromaquia por mucho que los políticos que desgobiernan esta región la apoyen.

Ya que hablamos de cuernos vacunos, en la vuelta a casa (en otra calle) pillé este otro ejemplo de decoración que ilustra con precisión el espíritu del año: Covid y laicismo. A la pobre vaca le han plantado los cuernos, supongo, muchos años, pero este además le ha caído la mascarilla al animalito. Pobre.

El gato triste

¿Cómo no va a estar triste el animalito?¡Pónganse en su lugar: de adorno, sin paja, sin luces! Vamos, una cruz (como la del punto de que están hechos los cojincitos monísimos del misterio. Como dijo aquella que me envió la foto: carne para el blog. Para eso hemos quedado, Miguelito. No alcanzo a entender el tono verdoso que estás tomando, no creo que sea de envidia.

El gato está tomando color verdoso y no creo que sea de envidia.

Santa ingenuidad

La proyección de las ideas del ser humano sobre la realidad, es decir, la creencia de que nuestra concepción del mundo afecta a los acontecimientos es, quizá, una de las más notorias y ancestrales estupideces que viven en nuestra mente. A modo de ejemplo podemos pensar -erróneamente- que el cambio de año va a mudar las circunstancias adversas que nos rodean, léase el/la Covid-19.

Pensamos, pues, que la fecha del 31 de diciembre será la salvación a nuestros problemas y la finalización de la pandemia. Craso error. Para empezar porque la pandemia en cuestión comenzó en 2019 y es más que probable que debido a nuestra estulticia se prolongue hasta bien entrado el 2022. Pero por maldecir y confiar que no quede. Muestra de ello es la campaña de publicidad de salchichas que una conocida marca ha puesto en funcionamiento estos días. Apropiándose de una gracia conocida desde junio (peineta hecha con los guarismos del 2020) han confeccionado una peineta gigante hecha con una foto de sus salchichas. Hay que reconocerles, si no la originalidad, al menos la efectividad de la campaña publicitaria.

Hala, a comer salchichas gordas y a desear que las campanadas de la desierta -este año- Puerta del Sol de Madrid cambie nuestro aciago destino. Por mi parte confío en que el fin de la pandemia suponga también el fin de la ingenuidad humana y del pensamiento irracional. Por pedir que no quede.

De la serie «yo la tengo más grande»

El afán de destacar, de significarse, es uno de los puntos de referencia de los seres humanos, tanto masculinas como femeninos.* Ni los curas se libran de ese ansia por ser «lo más». El caso que les presento es la decoración de un edificio religioso existente en el paraje llamado por los bejarano «El castañar» por motivos bastante obvios. El edificio en cuestión fue -y quizá sigue siendo- un seminario. A alguno se le ocurrió la feliz idea de hacer una decoración que se viese desde la lontananza del pueblo para que el vulgo llano no se olvide de sus deberes para con los divinos y con sus acólitos. Fue hecha hace varios año, no sé decirles pero rondará la década, con una tira de LED en la fachada del edificio que mira al pueblo (no metafóricamente) y es visible desde un par de kilómetros.

Me he acercado por allí estos días para hacer la foto que se puede ver más abajo, tanto de día como de noche, en la que se puede apreciar el tamaño de la decoración. Por supuesto no la retiran pasadas estas fechas, es más fácil dejarla de año en año -sin encender claro está- que andar armando el tinglado cada navidad.

Cabe destacar -por si no lo han notado- que el motivo de la decoración (un arbolito, perdón arbolazo) es más bien aséptico por no decir pagano, teniendo en cuenta la consideración que algunas religiones anteriores al cristianismo tenían por los árboles.

  • * No se trata de un error tipográfico sino de una pataleta que de vez en cuando me da. Es mi manera de protestar contra machistas y feministas.