Una lagrimita

Hace algunos años abrí este lugar para canalizar los cabreos y malas leches que se me acumulan en estas-fechas-tan-señaladas.

El hábito de trabajo consistía, y consisitirá, en hacer fotos y recolectar las innúmeras boberías que se nos ocurren a los humanos (y humanas, no vayan a creer) para hacer de estas fechas de fin de año un despliegue de muy mal gusto y afrentas al respeto del resto de congéneres. Muchas de las afrentas no son sino la gana de engrosar la cartera del mercader, vaciando las ajenas, usando como reclamo cualquier cosa a su alcance imaginativo.

Durante algunos años estuve haciendo esta labor de extracción de la pus mental con grandes (a veces) repercusiones sociales. Me llamaron de la radio, una radio-boina local, para hacerme una entrevista. Ya ven uds. Una entrevista a un odianavidades cuya función no es otra que rellenar -a costa de lo que sea- los espacios de la parrilla horaria. La tengo grabada por ahí y quizá hasta la ponga en línea. Ya veremos, si se portan uds. bien…

También me llamaron de una tele nacional -de mal gusto- para hacerme una entrevista. Hay que defecarse… hasta de la tele. Luego no dieron más señales de vida, mejor, no tengo ganas de rellenarles la programación. Tanto una cosa como la otra, es evidente, venía a colación de una cierta notoriedad de la página que aparecía la primera cuando se ponía (en 2007, 2008…) “odio la navidad” en las fauces voreces del famoso buscador. Cosa que de seguro no habría ocurrido si le hubiese puesto el nombre que inicialmente pensé “mecagoenlaputanavidad” y cuya rimbombancia escatológica sin duda habría ocultado entre las hierbas malas del buscador las intenciones del que suscribe.

Quiso el azar, sin embargo, que la tal notoriedad se convirtiese en la causa de la muerte de la página. El amigo y hostmaster (alojador en castellano) que albergaba el engendro, sufrió un viaje al otro lado de la realidad que provocó el olvido de las mundanas obligaciones que tenía, momento que algún cibersquatter (ciberocupa) aprovechó para plantar su bandera en la web y vender bragas y camisetas en lo que antaño había sido mi paño de lágrimas navideñas. Vean lo que es la paradoja de la vida. Pensé hasta en volver a comprar un ciberterrenito con el nombre original escatológico arriba citado.

Sin embargo, tras todos estos pensamientos y vicisitudes, hace unos días los ciberocupas se desentendieron del lugar que, en justicia, vuelve a mi propiedad.

Toda esta actividad ha ido siendo registrada por los robots que silenciosamente y sin pausa recorren la red. También dejan disponible -algunos de ellos- esa información para regocijo o rebusca. Entre ellos www.archive.org que en este enlace tiene algunas de las cosas que les he contado en este zurullo mental superior (física y no mentalmente). Cuando vaya teniendo tiempo haré una labor de zapa y rebusca yo mismo para recolocar lo que se haya salvado de la quema de hace dos o tres años, no quiero ni acordarme.