Grandes ideas decorativas

En la calle mayor (de Pardiñas y de Sánchez Ocaña) han colocado además de las consabidas lucecitas navideñas, una curiosa decoración de ganchillo o macramé, no sé bien a cual de los dos tipos corresponde. Los elementos colgados son de colorines y me recuerdan mucho a unos que (en blanco) hacía mi abuela para encima de las faldillas de la camilla. A alguien se le ha ocurrido la idea de colgar estos elementos a modo de palio en las citadas calles.

Feos o bonitos, queda a su consideración. Lo que no me cabe duda es de que muy interesante va a ser el día que caiga una nevada maja y se apelmace el mazacote de nieve sobre las cabezas de los viandantes. Espero estar allí ese día y poder capturarlo con la máquina de fotos para su disfrute. De momento quede para la posteridad la fotito de los inventos en su estadio inicial y prístino.

Decoración con manteles de punto en Béjar

Un gracioso tiró una botella de agua (con contenido) y la embocó en uno de ellos, dando la impresión desde lejos de una teta apuntando hacia los paseantes. Debieron quitarla, porque cuando volví para hacer esta foto ya no estaba. Lástima, habría quedado muy mona la foto.

Famosidades

Vean queridos asistentes a este blog provinciano, cómo hacerse famoso (y quizá hasta rico) con una chorrada. Bienvenidos al mundo de la famosidad y de la chorrez suprema, hoy aderezada con una pizca de lo que los yanquis (y por ende medio puto planeta) «espíritu navideño»*

Coloca mal las luces navideñas y deja a Papá Noel haciendo un gesto obsceno

* El «espíritu navideño» hace ya varias décadas que consiste en lucecitas, compras y buenas intenciones para hoy y lo de siempre para mañana.

El sexo es malo, niños

Recordad, queridos infantes: el sexo es malo, malísimo. De hecho provoca que el ser humano y sus gilipolleces se multipliquen «ad infinitum».

Vean este curioso escaparate que el gracejo sevillano ha ideado y que los conservadores de la moral carpeto-vetónica han salido corriendo a denunciar haciendo que la publicidad del sitio se multiplique hasta llegar a estratos nacionales.

Aquí está el enlace a la noticia, pero quede la imagen en este blog, que la nube es traidora y voluble.

Me arrepiento…

Sobre todo me arrepiento de ser tan rápido con el teclado. Por eso ayer publicaba que se había aprobado la celebración de la «Nochevieja universitaria» de Salamanca y hoy me tengo que desdecir, afortunadamente. Parece que los hosteleros han decidido no realizar el evento. Bien, es lo que tenían que haber hecho antes ya que el ay-untamiento no lo hizo.

Se supone que los ayuntamientos y sus representantes democráticamente (ejem….) elegidos por los ciudadanos deben cuidar del bien común. De todos, no solo de los hosteleros, leñe. La bobada esta de un paso adelante y otro atrás que ha dado el cabildo ha hecho que los ciudadanos se mosqueen un poco más con los políticos (pero les seguirán votando, claro) y encima habrá que pagar la bobada, porque el despliegue de policía se mantiene ya que la llegada masiva de estudiantes de otros lugares de la geografía ya está en marcha: vamos que el «macrobotellón de contagio» no lo para ni diosa.

Comenzamos la temporada con dos cojones

Es triste que nos comportemos como si la Covid-19 no existiese. Es triste que las instituciones (muchas) estén de rodillas delante de los grupos de presión. Es triste también que los grupos de presión siempre lo sean en el sentido monetario.

Pues de las tristezas anteriores, hábilmente mezcladas y aderezadas, surge triunfal la celebración del botellón de botellones, de la madre de todos los botellones: La Nochevieja universitaria. Una salvajada que consiste en emborracharse (qué raro) en plan masivo todos los estudiantinos de la santa ciudad (otrora culta) de Salamanca. Un evento que este año, gracias al impulso y presión de los hosteleros y al entreguismo y aquiescencia del ayuntamiento, se convertirá, ñoras, ñores, en la «Macrofiesta del contagio«. Hoy mismo ha sido autorizada la celebración por el cabildo salmantino, falsimedia dixit.

Supongo que acudirán después a lamentarse y a echar balones fuera, pero de momento, por los santos cojones de la omnipresente y omnipotente hostelería salmantina, la suerte está echada. Al ataúd, esta vez.

Capturo la imagen por si algún día desaparece el artículo enlazado más arriba