Dios no existe, son los padres. Pues anda que los elfos…
Da igual, el caso es mantener la patraña y disfrazarla de tradición (si se puede). Vean este ejemplo de un «Centro oficial de adopción de Elfos» que, según su cartel publicitario: «The elf on the shelf» (Elfo en la balda) es un tradición navideña. Ni puta idea de dónde coño habrá nacido y sido alimentada esa tradición, en la que el muñecajo recuerda a un Pinocho chato disfrazao del gordo de la cocacola. Ah, pero si es una tradición habrá que seguirla, adoptemos muñecajos feos con orejas redondas, pongámoslos en los estantes y después, cuando cojan polvo, arrojémoslos al contenedor más cercano. Si lo hacemos con los abuelos, perros y gatos ¿no lo haremos también con estos trastos?
Hala, vayan y rellenen el impreso a ver si la suerte les sonríe y les asigna -previo pago- el tirinene colorao. Y pregunten ¿Donde dan la etiqueta de oficial a estos centros de adopción?

