Y como anunciando el final, la tortura termina

Bajo el árbol-paraguas de León hice esta foto que, no sé por qué capricho de la naturaleza me ha hecho recordar la bata-manta. Quizá por aquello de juntar dos inventos en uno, en este caso el árbol y el tejadito (o su estructura).

Aquí queda como última entrada de la temporada 2025-2026 que ha sido un poco agitada a nivel personal, político y gastronómico. A ver si la que viene tiene menos movimientos de este tipo y alguna visita más que parece que, en estos tiempos de redes sociales, escasean.

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Variedades locales

En un pueblo de León, cercano a la capital, me encontré con una vieja amiga. Más amiga que vieja -al menos de momento- este personaje decora su casa de tal guisa que a veces escapa a la mirada un detalle u otro. Este que les muestro se me escapó a primera vista. Se trata de su versión del nacimiento del diosito. No me digan que no es entrañable, sobre todo la barriguitas negra que, debo decirlo, es un guiño a su pasado. Me recuerdo ahora, además, de una vieja pintada que decoraba una pared con el texto «Dios es negra». ¿Casualidades, coincidencias? A saber…

No me pregunten más, gocen del espectáculo que me ha hecho prolongar el fin de esta temporada de odios navideños que, además, se ha visto sumada a varias otras odiosas vicisitudes personales.

¡Baltasar, qué envidia me das!

León, calle Ordoño II. Iluminación de LED simulando las tres coronas de los tres reyes magos. En la foto aparece la de Baltasar que incluyo en la serie «Parecidos razonables» pero no entraré a aclarar a qué se parece. Debo añadir, para situar al amable y abnegado lector que las lucecitas de las partes bajas redondas eras pequeños destellos que, obviamente, no se aprecian en la mala fotografía que adjunto.

Hala, a imaginar.

Preparando el gran engaño

Toque tradicional con los tres reyes en tres tronos, hasta el negro tenemos, mire ud, en la preparación del gran engaño que cada comienzo de año preparamos a las criaturas. Invasiones, guerras, genocidios… ¡qué más da mientras llegue la magia de estas-fechas-tan-señaladas a nuestros hogares!

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Juancarladas

Y no me refiero a las del rey emérito (y decrépito), sino a las de mi amigo Juanki 100 cubos que disfrazó a su gata Nelsi (mala leche tiene la minina, hay que decirlo todo), pero aguantó al menos esta pasada.

El exagerado del barrio

Buena muestra de lo que hace tener dinero, tiempo y espacio. El gusto estético queda a criterio del amable lector. Está en la calle Juan de Argüelles de Salamanca.

Cuando pille el engendro encendido prometo hacer una foto y ponerla.

Actualización: el mismo balcón, esta noche de reyes.

Que se me vea, que se me vea bien

En un humilde barrio bejarano, Los praos, donde las casas se venden a precios irrisorios (incluso en tiempo de burbuja), donde el penoso aislamiento de las casas crea frigos en invierno y hornos en verano, donde la humildad que la pobló en los 50 no ha escalado el peldaño social, aún hay gente que invierte en lucecitas navideñas y teles de 65″.

El caso es que se me vea, pero bien… Ah, la imagen social, ¡cuánto daño hace!

Tiempos modernos

El mismo invento puede servir para embellecer o para afear, como en el caso de la foto. Las lucecitas artificiales que crean un mágico efecto iluminando las catedrales salmantinas (visibles ambas desde este lugar) es usado para para llenar el plástico que se ve en primer plano, una de las instalaciones lumínicas que llenan el jardín que fuera de los dominicos y que hoy, público, alberga algunas esculturas de Venancio Blanco.

¡Adopta un elfo!

Dios no existe, son los padres. Pues anda que los elfos…

Da igual, el caso es mantener la patraña y disfrazarla de tradición (si se puede). Vean este ejemplo de un «Centro oficial de adopción de Elfos» que, según su cartel publicitario: «The elf on the shelf» (Elfo en la balda) es un tradición navideña. Ni puta idea de dónde coño habrá nacido y sido alimentada esa tradición, en la que el muñecajo recuerda a un Pinocho chato disfrazao del gordo de la cocacola. Ah, pero si es una tradición habrá que seguirla, adoptemos muñecajos feos con orejas redondas, pongámoslos en los estantes y después, cuando cojan polvo, arrojémoslos al contenedor más cercano. Si lo hacemos con los abuelos, perros y gatos ¿no lo haremos también con estos trastos?

Hala, vayan y rellenen el impreso a ver si la suerte les sonríe y les asigna -previo pago- el tirinene colorao. Y pregunten ¿Donde dan la etiqueta de oficial a estos centros de adopción?

Mundo raruno

En este concierto, que se celebró en Béjar el día 21 de diciembre, el precio de la entrada era una botella de aceite. El cartel, realmente, dice «Aceite por música y fe». La música la escucharás y la fe -suponemos- será la que tienes en que el aceite vaya donde debe. ¡Qué cosas, leñe!

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