¡Adopta un elfo!

Dios no existe, son los padres. Pues anda que los elfos…

Da igual, el caso es mantener la patraña y disfrazarla de tradición (si se puede). Vean este ejemplo de un «Centro oficial de adopción de Elfos» que, según su cartel publicitario: «The elf on the shelf» (Elfo en la balda) es un tradición navideña. Ni puta idea de dónde coño habrá nacido y sido alimentada esa tradición, en la que el muñecajo recuerda a un Pinocho chato disfrazao del gordo de la cocacola. Ah, pero si es una tradición habrá que seguirla, adoptemos muñecajos feos con orejas redondas, pongámoslos en los estantes y después, cuando cojan polvo, arrojémoslos al contenedor más cercano. Si lo hacemos con los abuelos, perros y gatos ¿no lo haremos también con estos trastos?

Hala, vayan y rellenen el impreso a ver si la suerte les sonríe y les asigna -previo pago- el tirinene colorao. Y pregunten ¿Donde dan la etiqueta de oficial a estos centros de adopción?

Intocable

Encontré este elfo decoradito (tuneado como suelen decir ahora) con los complementos de la temporada: el gorro rojo y la mascarilla. Feo el adorno en cuestión ya era sin la adición de estos elementos, pero ha quedado bordadito para disfrutarlo toda la santa navidad. Así tiene la cara de triste el pobre.

Lo más gracioso es el cartel de «no tocar» en el pote de oro, muy indicativo de lo que ocurre en realidad: lo verás pero no lo tocarás. Bueno, hasta que llegue el día de la lotería del niño no sabremos si ese 38811 será de augurio.