Mundo raruno

En este concierto, que se celebró en Béjar el día 21 de diciembre, el precio de la entrada era una botella de aceite. El cartel, realmente, dice «Aceite por música y fe». La música la escucharás y la fe -suponemos- será la que tienes en que el aceite vaya donde debe. ¡Qué cosas, leñe!

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Decoraciones de bajo coste

Y encima bonitas. Este escaparate (de un supermercado) está en los portales de Pizarro de Béjar (Salamanca). Está hecho con papel principalmente y con bastante buen gusto, con alguna lucecita, eso sí. Tiene sus motivos navideños pero no entra en la chabacanería colorística. Aún queda gente con buen gusto que no se deja arrastrar por las ordinarieces de LED y LASER.

El gran engaño

¿Cómo no pensar que todo es mentira tras enterarse del fiasco del papa noel (santa claus)? El montaje social que se organiza para engañar a los niños es tremendo, reconozcámoslo. Todo esta urdido para engañarlos, pobres, este día y el de reyes. Todos los años la misma historia por las mismas fechas, y siempre la comento, qué le vamos a hacer.

En la foto el anuncio del evento en Béjar (Salamanca) que además estuvo aderezado, por si era poco, por la panda de moteros ruidosos dando el cante.

Como en un cuento

Otro motivo que con la navidad tiene que ver apenas aquello de las luces. En la plaza de España de Béjar lo encontré. Hasta acolchadito tiene el piso para lascivas actividades nocturnas. Faltan los ratones convertidos en caballitos para que se monte la cenicienta.

Trenes

Sin vías. Sin trenes al norte y al sur. Esa es la situación de Salamanca en la actualidad (y desde hace muuuuuchos años). Pues frente a la estación del tren (Vialia), en la plaza de Barcelona, hay una instalación navideña de un trenecito, muy luminoso, muy evocador, que hasta parece un vacile por aquello de ser de vapor. Un recordatorio de lo que hubo y no hay. Por supuesto ¿qué cojones tiene que ver un puto tren de vapor con la navidad?

Total por un «quítame allá esas pajas»…

Una plaza cerrada para que un montón de tipos (y tipas) vestidos con trapitos rojos y otros aditamentos navideños en sus aparatos productores de ruido. Si es que el que se aburre es porque quiere, leñe. Y el que se molesta también. Total, por un poco de ruido, un poco de olor a gasolina y una colección de horteras (moteras) y horteros (etc.) ¡como os ponéis!

Foto tomada en Béjar (Salamanca) hace un par de días.

Colorines y lucecitas

El caso es que haya algo que se relacione con la navidad, y nada mejor que las luces y los colores, como en esta tienda de la calle María Auxiliadora. Y si es inglés, mejor, que nadie como la cultura yanqui es capaz de encarnar mejor el espíritu de estas-fechas-tan-señaladas. La estética general queda a su criterio, abnegados visitantes.

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Sincretismos culturales

De toda la decoración de esta casa, que yo vea, no hay una sola referencia cultural de Pirineos al sur. Me temo que entre la tele y las redes sociales algún día confundiremos la bandera de Portugal con un papel de regalo y la de España con papel de empapelar.

Millones de iluminados

La pasión por la lucecita no conoce límites ni fronteras. El otro día en Toledo vi un camino de luces que coronaba el paso por el famoso puente sobre el Tajo. El puento no estaba iluminado más que una cobertura a modo de palio, o sea, lo bonito sin luz y luego miles de ellas para nada. En Salamanca, en uno de los laterales de la catedral nueva han hecho una cosa similar, la que les dejo en la foto -mala- de más abajo.