Otro miembro del club

El otro día encontré, tras las indicaciones de una amiga, otro miembro del club de odiantes de la navidad. Se trata del bar-cafetería-restaurante «Limón serrano» de Salamanca, en la vidriera-escaparate el dibujillo de felicitación se encuentra tachado, mostrando a quien quiera leer «FELIZ NAVIDAD» y también «PUTA NAVIDAD». No se trata de una gamberrada, pues en el otro lateral hay un santaclaus al que le han pintado un chorro de pis sorprendentemente parecido en el efecto al logotipo que decora el inicio de estas páginas desde hace casi década y media.

Quede esta entrada en las páginas como el colofón a esta temporada. Cerramos pues el grifo de chorradas hasta que una nueva temporada nos haga rechinar los dientes. Salud -que falta hace- mientras tanto.

Rebelión de los dineros

En realidad de los vendedores de ilusiones y, por ende, recaudadores de impuestos voluntarios: los loteros. Y las loteras, que hay pa’ todos y pa’ tadas.

Resulta que los vendedores de lotería dicen que ganan poco y que hace años que no les suben las comisiones. Analicemos la primera parte, que ganan poco. Será en algunos casos, porque en otros como en la plaza del Liceo de Salamanca la colas llegan a tener centenares de metros -por la Covid son mayores, sí- pero sigamos con el razonamiento. Si cada persona compra un solo décimo y la comisión por venta es de 0,8 € y el tiempo medio de despacho es de 1 minuto (pesadas aparte), el precio de la hora de trabajo es 60×0,8=48 euritos. Ya quisieran muchos en este santo país en el que el salario mínimo de 32,17 € en 8 horas (ya quisieran muchos también) 32.17/8= 4,02€. Las empleadas de hogar -siempre según esta página– la tienen fijada en algo cercano a 7 euros.

Así que de ganar poco, nada de nada, al menos en estas fechas a pesar de que, bien cierto es, no todas las horas ni todas las fechas son de ventas tan espectaculares. Por cerca de Doña Manolita, en Madrid, pasé hace un par de años tenían contratado un guardia de seguridad para controlar la fila, díganme uds. cuántas fruterías o incluso cuántas joyerías han visto con guarda de seguridad controlado las afluencias de personal.

Y luego está aquello de «tenemos congelados los porcentajes» que es una mendaz manera de enmascarar la realidad, porque resulta que también llevan comisión de los premios. Es cierto que el porcentaje no ha aumentado, sí lo ha hecho la cantidad del premio que se dobló en 2011, como lo atestigua esta página de la Wikipedia. Es decir que siguen cobrando lo mismo que hace 10 años es cierto, pero que desde el 2000 ha pasado el premio de 3.000.000 (180.000 €) hasta los 400.000 de ahora. Me temo que los sueldos del los españoles no se han multiplicado por casi 2,5.

Como demostración fehaciente de lo dicho está el hecho de que aún no he visto cerrar ninguna administración de lotería por quiebra. Al contrario, he visto abrir muchas nuevas que se mantienen, indicio claro de que no es mal negocio. Eso sí, ya se sabe lo que dice el tango Cambalache: «el que no llora no mama y el no afana es un gil». De ambos tipos tenemos sobrados ejemplos en este país aunque algunos se hayan ido para no llamar la atención.

La foto que ilustra el comentario fue publicada en esta noticia, y para los que no conozcan la ciudad les diré que hasta la administración de lotería aún queda otro tanto y medio como el que se ve en la foto.

Más papistas que el papa

Pues nada, que los fabricantes (o fabricantas) de luminarias navideñas se han apuntado a la modernidad solo a medias: sí que se hacen de LED cosa moderna donde las haya, pero no se leen los escritos de los papas (sin acento). Concretamente el emérito Benedicto XVI hace ya años que afirmó que en el portal de Belén ni buey ni mula. La friolera de 9 años en los que el acervo popular ha ignorado la opinión de tan excelso personaje, ninguneándole cual a predicador en desierto. Ilustra este comentario la luminaria instalada en la calle Zamora de Salamanca, nueva de este año, por lo que queda corroborado lo de «pasar» de lo que no interesa. Como los periódicos mismamente.

Actualización del portalillo: siglo XXI

Si la leyenda del nacimiento del niño dios se situase en estos tiempos, no habría nacido en un pesebre rodeado de paja, mulas y (quizá) animalejos de labor. Habría nacido, sin duda, en un garaje, rodeado de piezas, aceite y olor a combustible. Tal vez por eso algún ciudadano de la calle Volta (creo) de Salamanca, ha decidido poner la estrella anunciado el excelso lugar. Falta que lo abra a ver si en el interior se contiene el famoso «misterio» con que muchos habitantes de este nuestro país decoran.

Me arrepiento…

Sobre todo me arrepiento de ser tan rápido con el teclado. Por eso ayer publicaba que se había aprobado la celebración de la «Nochevieja universitaria» de Salamanca y hoy me tengo que desdecir, afortunadamente. Parece que los hosteleros han decidido no realizar el evento. Bien, es lo que tenían que haber hecho antes ya que el ay-untamiento no lo hizo.

Se supone que los ayuntamientos y sus representantes democráticamente (ejem….) elegidos por los ciudadanos deben cuidar del bien común. De todos, no solo de los hosteleros, leñe. La bobada esta de un paso adelante y otro atrás que ha dado el cabildo ha hecho que los ciudadanos se mosqueen un poco más con los políticos (pero les seguirán votando, claro) y encima habrá que pagar la bobada, porque el despliegue de policía se mantiene ya que la llegada masiva de estudiantes de otros lugares de la geografía ya está en marcha: vamos que el «macrobotellón de contagio» no lo para ni diosa.

Comenzamos la temporada con dos cojones

Es triste que nos comportemos como si la Covid-19 no existiese. Es triste que las instituciones (muchas) estén de rodillas delante de los grupos de presión. Es triste también que los grupos de presión siempre lo sean en el sentido monetario.

Pues de las tristezas anteriores, hábilmente mezcladas y aderezadas, surge triunfal la celebración del botellón de botellones, de la madre de todos los botellones: La Nochevieja universitaria. Una salvajada que consiste en emborracharse (qué raro) en plan masivo todos los estudiantinos de la santa ciudad (otrora culta) de Salamanca. Un evento que este año, gracias al impulso y presión de los hosteleros y al entreguismo y aquiescencia del ayuntamiento, se convertirá, ñoras, ñores, en la «Macrofiesta del contagio«. Hoy mismo ha sido autorizada la celebración por el cabildo salmantino, falsimedia dixit.

Supongo que acudirán después a lamentarse y a echar balones fuera, pero de momento, por los santos cojones de la omnipresente y omnipotente hostelería salmantina, la suerte está echada. Al ataúd, esta vez.

Capturo la imagen por si algún día desaparece el artículo enlazado más arriba

¡Por fin se reconoce lo charro en el mundo!

Los charroleses -como dice mi amigo Miguel- deben estar danzando desnudos, ebrios de alegría al ver que uno de los símbolos más celebrados de su dorada ciudad (el puto astronauta de la catedral) ha sido copiado desde la más alta instancia del catolicismo. Señoras, señores, criaturas y criaturos: en el portal de Belén vaticano HAN PUESTO UN ASTRONAUTA.

Queda corroborada mi teoría de que el paganismo va invadiendo poco a poco las decoraciones navideñas, retornado a tiempos de hace dos milenios. Como no puedo ir a Roma a por la foto del engendro me conformaré con ir a la catedral de Salamanca y mostrar «el original, el único e inimitable (hasta ahora) astronauta (quizá astronauto) charro. Pero será dentro de un rato. Aguarden pacientemente.

Actualización: Lo prometido. La foto del puto astronauta de la catedral de Salamanca.

La foto del puto astronauta de la catedral de Salamanca

Las tripas del engendro

Si el «regalito» luminoso que decora la plaza mayor de Salamanca este año es espantoso por la noche, no vean uds. -o mejor dicho vean uds.- lo horrible que es de día. Como no están encendidas las lucecitas (aunque lo estuviesen no se apreciaría) queda a la vista el entramado metálico que sustenta el chisme y sus diferentes partes. Sin duda alguna un gran elemento decorativo del que el propio Churriguera estaría orgulloso y, quizá, incorporaría «de serie» (que se dice ahora), un armatoste similar en cada nueva construcción. Al fin y al cabo los arquitectos de estas últimas décadas tienen un gusto similarmente espantoso, así que no me extrañaría ni un pelito.

Engendro luminoso de la plaza mayor de Salamanca visto de día

Ya pondré a su disposición una foto del cacharro encendido para que se vea cómo se puede malograr una obra de arte. Me atrevo a pensar que hasta «La gioconda» con un marco de plástico verde chillón, por poner un caso, entraría dentro de los ejemplos similares.

Declaración de principios y alguna sugerencia

El regalito que hay en la plaza mayor de Salamanca
El regalito que hay en la plaza mayor de Salamanca

A veces las cosas hablan por sí mismas. Es el caso de la decoración navideña que pretende «embellecer», suponemos, tal monumento. Como idea podíamos colocarle un gorrito de papanoel al David de Michelangelo, con luces a ser posible. O una guirnaldita fosforescente y animada a la Gioconda, por citar algún caso emblemático. Hasta, si queremos cruzar el charco, disfrazar de rey mago (negro a ser posible) a la famosa estatua de la libertad.

La ventaja que tiene «nuestro» regalito, es que también sirve de pantalla LED en la que se pueden poner variadas decoraciones. Sugiero que algún rato, fuera del horario infantil, se proyecten fotos de cierto tipo. Como se puede uno colocar dentro del regalito, las posibilidades son bastante sugerentes ¿no les parece?

Dejo ya de escribir, que parece que el año nuevo me está calentando los sesos y otras partes menos mencionables.

Cada día comienza un año nuevo

Si hay algo que me pone malo es la manía esta de la gente de saludarse y despedirse como si esta noche se acabase el mundo, sin considerar que cada día empieza un año nuevo y que la convención del cambio de fecha es justo eso, un acuerdo más técnico y político que otra cosa. Hoy convertido también en un evento consumista, como todas estas fechas y casi cualquier cosa que nos rodea: publicidad, figuración y consumismo. Un asquito, la verdad.

Y para diferenciarse de «la masa» y ser original no dudamos en hacer el ridículo de las maneras más variadas. Una de ellas, bastante extendida, es la de colocar anglicismos (en tiempo fueron galicismos) a las cosas y actitudes habituales. En ese orden ideológico entra la foto que ilustra este comentario. Se trata de una empresa que vende jamón y embutido de Salamanca y que se llama, muy apropiadamente, Viandas de Salamanca. Pues en un escaparate de su tienda «www.viandas.shop» que hay en una de las construcciones adosadas a la iglesia de San Martín, en la plaza del Corrillo de Salamanca, encontré el escaparate de «merry christmas» que anuncia en castellano el «tapas experience» y la «visita nuestra organic farm». Ahí termina todo el inglés de los cartelitos que no están pensados para anglo-parlantes ya que el resto está en castellano, sino para la gente «cool» y los «VIP» que saben cuatro palabrejas y que considerarán, digo yo, que estas cosas tan «chic» merecen la pena. Cada uno se vende como quiere, como puede o como le dejan. Pero a mi me parece una ridiculez y cosa de «snobs». Siempre me lo ha parecido y siempre me lo parecerá, do-re-mi, do-re-fa. Perdón C-D-E, C-D-F en nomenclatura anglosajona. No rima, pero así es la «life» mis «friends».

Me encanta el cerdito con el raso rojo y las luces en la chepa. Es lo más, lástima que no estuviesen encendidas y que la fotos sea tan mala.

Escaparate «merry christmas» de la tienda «www.viandas.shop»