De la afamada serie «Yo la tengo más grande»

No sé si darle el primer premio, porque luego como dice una que yo me sé «la boca es lo más castiago» y lo mismo meto la pata. Pero desde luego en el palmarés de exageraciones estoy dudando si es «John Holmes» o «Nacho Vidal». Este es es aspecto de una casita de la carretera que va hacia el polígono de los Villares, desde Cabrerizos. Sí, las dos fotos son del mismo lugar. En la primera no entra todo pero se intuye. ¡Como no le cabía en casa lo ha puesto en la calle! Tiene güevos la cosa.

Sobre la mezcolanza de iconografías es mejor callarse o colocarle el famoso cartelito que aparecía en tiempos en ciertos productos de la teletienda «VISTO EN TV». Como ya no hay casa, pues… «VISTO EN y». Coloque el abnegado lector su red social favorita en el lugar de y.

Cintas rojas

El rojo debe provocar unas ganas compulsivas de comprar. De hecho yo cada vez que me pongo los calzoncillos rojos salgo a la calle con tarjeta de crédito (que por casualidad también es roja) a comprar, llevándola entre los dientes no sea que se me caiga de las manos al abrir las puertas. El otro día me dieron ganas de comprar este edificio tan mono de la calle Pozo Amarillo de Salamanca, pero luego de recapacitar un momento me di cuenta de que no me cabía en casa, así que lo dejé en su sitio.

Lucecitas y más lucecitas

Últimamente la moda es llenarlo todo (pero todo todo todo) de lucecitas. Total son LED, gastan poco, valen poco… He aquí un ejemplo de hasta dónde se puede llegar en la confección de espantajos navideños. Habrá incluso gente a la que le gusten, claro, porque hay gente pa’ tó. Esta que ilustra el comentario de esta noche está en la plaza de Anaya de Salamanca, afeando la catedral. Por si acaso alguien, en su éxtasis contemplativo, se ha olvidado de que existe el puto astronauta, también han puesto a funcionar unos proyectores que te lo recuerda a tamaño descomunal sobre la fachada de la propia catedral.

¡Ah! y también han plantado en el otro lateral una escultura de un astronauta desmorrándose contra el jardín. Pero eso lo dejo para otro día, que hay muchos.

El gorrito

O gorrazo, para ser más exactos. Debe tener como un metro y algo de altura para que os hagáis una idea. Como simpleza de decoración navideña tiene mérito, la belleza la dejamos a la opinión del lector. Está en la cuesta de Sancti Spiritus, en Salamanca.

Al rico colorín

Esa costumbrita de poner alfombras rojas en los espacios públicos que rodean las tiendas, como si fuesen privados, me pone malito. ¿Pero es que de verdad piensan que el plantar telitas rojas en el suelo va a mejorar las ventas? Higiéncamente es mejor no pensar en cómo quedarán después de unos días de lluvias, transeúntes, contaminación y heces de mascotas, pero estéticamente será aún peor. La que ilustra la foto está en la calle Palominos de Salamanca esquina con calle San Pablo y es una tienda de jamones y embutidos. Mira, el color al menos tiene algo que ver, al menos durante unos días.

A miles

No me refiero a los imbéciles que circulamos por las calles mirando las pantallas pasmados y moviendo los dedos índices o pulgares como posesos. No. Ni a las miríadas de estúpidos que pueblan los cines comiendo palomitas y sorbiendo aguas negras azucaradas. Tampoco.

En este caso -y en este blog- hablo de la puta navidad y sus tropelías. Una de ellas la lumínica que, hace ya años, cambió las bombillitas de incadescencia por los más modernos y eficientes diodos electroluminiscentes más conocidos por su acróstico -en inglés, claro- LED. Como consumen tan poquito, se estropean/funden tan poquito -ejem- y son tan baratitos pues hala, a colocar lucecitas a millones por el ancho y largo del planeta. Así que de ahorrar energía nada, porque donde antes había -por decir algo- 10 luces de 1 watio ahora tenemos 1000 de 10 miliwatios (=10 watios). En román paladino significa que hemos dividido el consumo de cada luz para aumentar el consumo total al menos en 10 veces echando cuentas gordas. Y eso todo para fomentar el consumo desaforado de estas fechas en cosas inútiles.

Así nos va a ir en el futuro, amiguetes, porque recuerden el refranero «días de mucho vísperas de nada». Pues hala «a gastar, a gastar que el mundo se va a acabar» decía una vieja amiga.

Patio chico y alrededores (II)

Justo al lado del horrible regalo de la Caja Rural visto en la entrada anterior hay una serie de curiosas instalaciones lumínicas que merece la pena comentar y, por romper la costumbre, no las pondremos a bajar de un burro.

Hay un prado con arbolitos falsos iluminados, animalitos de algún tipo de plástico iluminados e irisdiscentes (casi más bonitos de día que de noche). ¡Con lo bonitos que son los naturales, joder, siempre con réplicas artificiales!

Una valla rodea un campito de formas entre huevo y alubia, plateadas de día e iluminadas desde el interior de noche, muy monas, cuyas bases son resortes. Tienen un cierto parecido con los huevos de «Alien, el 8º pasajero» pero en este caso los monstruos no están dentro sino fuera corriendo desaforados. Los críos van zarandeándolas mientras corren de un lado a otro emocionados con el espectáculo. Los padres se emocionan con el espectáculo de los críos, los abuelos con las dos generaciones, etc. Conmovedor.

Me ha sorprendido la urbanidad del público diurno que ha respetado estas instalaciones. Bueno, igual es que el control orwelliano de las cámaras situadas hasta en la taza del wc empieza a tener acojonados incluso a los probos ciudadanos atacados por los etílicos vapores que hacen el frío charro más llevadero.

Aquí dejo alguna foto más para ilustrar los comentarios que -como se puede observar- no siempre son venenosas reacciones de este que escribe.

Geoda y estrella del patio chico y alrededores
Campo de huevos tipo Alien del patio chico y alrededores

Patio chico y alrededores (I)

El patio chico era una deliciosa placita, tranquila, apacible, un remanso de paz en la vorágina turística de Salamanca. Era, antes de que lo llenasen de luces y engendros que atraen a tal masa de gentes que han obligado a colocar un laberinto de acceso a otro de los anteriormente lindos y quasi-pacíficos lugares, el huerto de Calixto y Melibea.

Pero vayamos por partes, que hay navidad para rato todavía. De momento les muestro en la imagen el «regalo» que la Caja Rural ha hecho a la ciudad y colocado en el que el resto del año es ese bello lugar llamado patio chico. Como marco tiene «la criatura» a las dos catedrales. No tengo palabras para juzgar el atentado estético. Miento, sí las tengo pero mejor me las callo.

Actualización: Buscando, buscando me acabo de enterar de que este muñeco entró en la tradición navideña alemana a través de un relato de E. T. A. Hoffmann, escritor prusiano de origen polaco-húngaro. El relato se llama «El cascanueces y el rey de los ratones» y el tal soldado de madera servía para partir nueces entre sus mandíbulas móviles. Como se ve de mandíbulas nada en esta versión centroeuropea injertada reciente en la tradición navideña. Un poco más antigua que el gordo barbudo vestido de rojo, pero no mucho, no vayan a creer.

This photo is taken by AllWinner’s v3-sdv

No es una broma

En la foto se aprecia -desde la acera- cómo los técnicos municipales salmantinos han colocado una guirnalda navideña delante de un semáforo, tapando la parte superior. Se encuentra en la avenida de Portugal junto al cruce con Torres Villarroel.

Desde el asiento del conductor la cosa es peor porque la cubre totalmente. Esperemos que no tal instalación no provoque ningún accidente de circulación.

No hay quien se resista

En la foto aparece Ruth, una amiga extremeña -diseñadora y amante del mundo del motor- delante de la decoración navideña de su hogar salmantino una decoración navideña. No ha podido resistirse a la ordinariez y espíritu consumista reinante, como se puede apreciar, y me envía esta foto con corazoncito en el gesto y todo. ¡Conmovedor!

Hay gente pa tó, pero cada vez los «tós» son más uniformes. Cosas de red.

Actualización mayo 2025: La navidad me persigue hasta estas fechas, como ven. He cambiado el texto indicando que la casa fotografiada no era suya y añadido un poco más del veneno y mala leche que ya voy acumulando para cuando llegue fin de año.