Las exageraciones

Pocas veces se ver comunidades de vecinos tan bien avenidas como esta de Béjar donde casi todos se han puesto de acuerdo para llenar los balcones, terrazas y ventanas de lucecillas. La pobre foto que acompaño ilustra aproximadamente el efecto.

Luego me he enterado de que había un concurso, lo que le ha quitado un poco de mérito, pero no mucho.

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Seguimos con cerdadas

No hay año que no vea un belencito con cerdos. Ni uno solo, ni hecho en casa, ni en el cole o en alguna institución. Nada, que de cultura andamos flojos, muy flojos, lo que nos lleva a ignorar que los judíos no comen cerdo. Y ese Jesusito niño que todos estos misterios emulan era, no se olvide, judío hasta la médula: de padrastro y madre. Del padre no sabemos vista la historia que nos cuentan.

Resumiendo: que de cerdos nada de nada. Así que vayan quitando los choncitos para la próxima temporada, porfa.

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Depredaciones navideñas

Somos depredadores de la peor clase: por diversión, por estética.

Es -o debería ser- sabido que el musgo es una especie vegetal protegida. Pero nos da igual, llega la puta navidad y salimos a arrancar musgo de las piedras para hacer nuestras decoraciones. La foto es de Béjar, lugar donde el musgo abunda, pero si todo el mundo hiciera las tropelías que los de la foto (la instalación es como 10 o 12 veces lo que se ve) dentro de pocos años el musgo sería un recuerdo.

Respetemos la naturaleza, joder, que queramos o no somos parte de ella y de ella depende nuestra existencia.

A miles

No me refiero a los imbéciles que circulamos por las calles mirando las pantallas pasmados y moviendo los dedos índices o pulgares como posesos. No. Ni a las miríadas de estúpidos que pueblan los cines comiendo palomitas y sorbiendo aguas negras azucaradas. Tampoco.

En este caso -y en este blog- hablo de la puta navidad y sus tropelías. Una de ellas la lumínica que, hace ya años, cambió las bombillitas de incadescencia por los más modernos y eficientes diodos electroluminiscentes más conocidos por su acróstico -en inglés, claro- LED. Como consumen tan poquito, se estropean/funden tan poquito -ejem- y son tan baratitos pues hala, a colocar lucecitas a millones por el ancho y largo del planeta. Así que de ahorrar energía nada, porque donde antes había -por decir algo- 10 luces de 1 watio ahora tenemos 1000 de 10 miliwatios (=10 watios). En román paladino significa que hemos dividido el consumo de cada luz para aumentar el consumo total al menos en 10 veces echando cuentas gordas. Y eso todo para fomentar el consumo desaforado de estas fechas en cosas inútiles.

Así nos va a ir en el futuro, amiguetes, porque recuerden el refranero «días de mucho vísperas de nada». Pues hala «a gastar, a gastar que el mundo se va a acabar» decía una vieja amiga.

Jesusito…

Dice Mónica Miguel Franco en una de sus publicaciones en su Librodecaras (Facebook):

«No os encariñéis con Jesusito niño que luego pasa lo que pasa y me venís llorando.»

Hala, id tomando nota.

No os encariñéis con Jesusito niño que luego pasa lo que pasa y me venís llorando.

Patio chico y alrededores (II)

Justo al lado del horrible regalo de la Caja Rural visto en la entrada anterior hay una serie de curiosas instalaciones lumínicas que merece la pena comentar y, por romper la costumbre, no las pondremos a bajar de un burro.

Hay un prado con arbolitos falsos iluminados, animalitos de algún tipo de plástico iluminados e irisdiscentes (casi más bonitos de día que de noche). ¡Con lo bonitos que son los naturales, joder, siempre con réplicas artificiales!

Una valla rodea un campito de formas entre huevo y alubia, plateadas de día e iluminadas desde el interior de noche, muy monas, cuyas bases son resortes. Tienen un cierto parecido con los huevos de «Alien, el 8º pasajero» pero en este caso los monstruos no están dentro sino fuera corriendo desaforados. Los críos van zarandeándolas mientras corren de un lado a otro emocionados con el espectáculo. Los padres se emocionan con el espectáculo de los críos, los abuelos con las dos generaciones, etc. Conmovedor.

Me ha sorprendido la urbanidad del público diurno que ha respetado estas instalaciones. Bueno, igual es que el control orwelliano de las cámaras situadas hasta en la taza del wc empieza a tener acojonados incluso a los probos ciudadanos atacados por los etílicos vapores que hacen el frío charro más llevadero.

Aquí dejo alguna foto más para ilustrar los comentarios que -como se puede observar- no siempre son venenosas reacciones de este que escribe.

Geoda y estrella del patio chico y alrededores
Campo de huevos tipo Alien del patio chico y alrededores

Patio chico y alrededores (I)

El patio chico era una deliciosa placita, tranquila, apacible, un remanso de paz en la vorágina turística de Salamanca. Era, antes de que lo llenasen de luces y engendros que atraen a tal masa de gentes que han obligado a colocar un laberinto de acceso a otro de los anteriormente lindos y quasi-pacíficos lugares, el huerto de Calixto y Melibea.

Pero vayamos por partes, que hay navidad para rato todavía. De momento les muestro en la imagen el «regalo» que la Caja Rural ha hecho a la ciudad y colocado en el que el resto del año es ese bello lugar llamado patio chico. Como marco tiene «la criatura» a las dos catedrales. No tengo palabras para juzgar el atentado estético. Miento, sí las tengo pero mejor me las callo.

Actualización: Buscando, buscando me acabo de enterar de que este muñeco entró en la tradición navideña alemana a través de un relato de E. T. A. Hoffmann, escritor prusiano de origen polaco-húngaro. El relato se llama «El cascanueces y el rey de los ratones» y el tal soldado de madera servía para partir nueces entre sus mandíbulas móviles. Como se ve de mandíbulas nada en esta versión centroeuropea injertada reciente en la tradición navideña. Un poco más antigua que el gordo barbudo vestido de rojo, pero no mucho, no vayan a creer.

This photo is taken by AllWinner’s v3-sdv

Dosis de exageración

Hace ya algunos años publiqué la foto de una instalación de Santa Claus en moto que estaba en el paseo de Canalejas de Salamanca. Un rato de estos volveré a ver si el barbudo maniquí aún permanece en su atalaya.

Para hacerle la competencia ahí les va esta foto hecha en la calle Juan de Juni de la capital charra. Este no tiene moto, pero el balcón y su instalación son tan exageradas como la otra. Casi, por el detalle del vehículo.

Me pregunto dónde tendrán almacenados estos trastos durante los 11 meses restantes.

No es una broma

En la foto se aprecia -desde la acera- cómo los técnicos municipales salmantinos han colocado una guirnalda navideña delante de un semáforo, tapando la parte superior. Se encuentra en la avenida de Portugal junto al cruce con Torres Villarroel.

Desde el asiento del conductor la cosa es peor porque la cubre totalmente. Esperemos que no tal instalación no provoque ningún accidente de circulación.