De postre: cabezonería

“A ver si se habla de mi libro, porque yo aquí he venido a hablar de mi libro y no se ha hablado” dijo Paco Umbral en una famosa entrevista que ha pasado a la historia porque el ínclito sacó a relucir la mala leche que tenía además de poner en evidencia a Mercedes Milá que era la presentadora de aquel programa de Antena 3.

Pues el alcalde de Madrid también ha venido aquí (o ha ido allí) a hablar de su libro y para eso hace lo que haga falta. Incluso usar las luces navideñas para publicitar su ideario que, en este caso, nada tiene que ver con la navidad.

La lectura de esta noticia tiene dos partes. La primera en la que se vuelve a incidir en el mismo razonamiento falaz que en nuestra entrada anterior (no en vano ambas vienen de alcaldes de similar ideología) pensando que poner las lucecitas va a sacar los dineros de los bolsillos del maltrecho ciudadano. La segunda es aquella emulación del fallecido Umbral, colocando una bandera enorme en el centro de una de las vías más emblemáticas de la capital. Penosas ambas cosas pero de la segunda me alegro: habrá más gente que este año odie la navidad. Bien por el alcalde que aumenta las filas de interesados en estas páginas.

El caso es meter las tres

Esta foto ilustra lo poco imaginativos que podemos llegar a ser los humanos. O lo inadecuado de cumplir las tareas a rajatabla (o hacerlas cumplir). Las luces navideñas que alumbran la calle Mayor de Reinoso de Béjar, en el tramo medio, junto al caño Mamarón, se componen de dos girnaldas laterales y una estrella central independientes entre si. Tienen unas medidas que en los estrechamientos de la calle hacen imposible colocar las tres sin recurrir a alguna estratagema, verbigracia, el apelotonamiento de las mismas de modo informe e inmisericorde. Impresionante, con lo fácil que sería quitar la estrella.