La crisis llega hasta a las ideas

A mí lo más triste no me parece que no haya recursos materiales, lo triste de verdad es que falten ideas y se corone la carencia con falta de excelencia en el trabajo. Miren la guirnalda luminosa que la iglesia de El Salvador (creo que se llama) sita en la plaza mayor de Béjar (donde ando penando por las calles). Lo malo no es que se tenga poco dinero para sustituir el engendro luminoso por uno que gaste menos (en una temporada estaba amortizada la inversión, pero bueno). Lo malo es que falten ideas y como no hay bombillas amarillas suficientes se tiñan de mala manera algunas blancas para dar el pego. Que no lo da, encima. Lo malo no es tener que buscar soluciones alternativas a las bombillas originales y no encontrar (por buscar poco) la laca de bombilla que se sigue vendiendo (hay una tienda a menos de trescientos metros). La cosa viene ampliada por la chapuza en la confección del amarillo sustituto. Y lo peor, el apelotonamiento de bombillas originales por un lado y las chapuceadas por otro, cuando se podían haber repartido de manera que quedase hasta artístico el resultado. Pero no, no señor, es preferible hacerlo deprisa y mal para luego apoltronarse a ver pegar gritos a la gentuza que puebla la televisión de este país.

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