Inocentes…

Hay quien piensa que el arrancar la última hoja del calendario de 2020 va a cambiar la rotación de la tierra, la fuerza de la gravedad, el paso del tiempo y no sé cuántas cosas más. Ingenuos los ha habido y los habrá siempre. Pero choca que nuestra civilización tecno-ilógica aún dé estos frutos: negacionistas de vacunas, terraplanistas, fumigacionistas y demás inquisidores. Pues sepan, señores y señoras, que el virus no tiene cabeza, ni sistema nervioso, ni inteligencia y en consecuencia le importa un bledo que el año termine en 0 ó en 1, que sea bisiesto o no y, en definitiva se puede asegurar (no decir ni intuir) que las cosas no solo no van a cambiar a mejor si no que, probablemente debido a nuestra estupidez tecno-ilógica, vayamos a empeorar el asunto bastante con las celebraciones navideñas.

Unos inocentes es lo que somos. Y a los inocentes es bien fácil engañarles, como lo hacen y seguirán haciendo. Mientras tanto, hala, a confiar en que de un momento a otro vamos a despertar de nuevo al paraíso de los ríos de leche y miel que el dios de los judíos prometía (dicen) en los viejos escritos.

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