La publicidad

O la diferencia entre lo que queremos comprar (lo publicitado) y lo que realmente compramos. Hace años un tipo se dedicó a hacer una colección de fotos entre el producto publicitado y lo realmente vendido. Era impactante ver la diferencia, es decir, el engaño al que estamos sometidos en el mundo real por las ansias publicitarias.

Pues bien, el otro día caminando por las calles beharauis me encontré con el ejemplo que les traigo. Se trata de un roscón de reyes cuya principal atracción es el suculento premio que le puede tocar (le debe tocar, de hecho) a alguna persona afortunada. Pues vean la diferencia entre lo publicitado y lo vendido. Supongo que la cautelosa vendedora optó por colocar un ejemplar en el escaparate que está junto al cartel anunciador para quitarse anticipadamente el problema de las reclamaciones. El producto y su premio son productos de una tahona de Aldeanueva del Camino (Cáceres).

Juzgando los precios del roscón (solo hay una versión) y comparándolos no ya con lo vendido sino con otros, resulta que el posible premios es pagado, evidentemente, por los incautos compradores del producto. Pues lo mismo pasa con todo, queridos niños: los premios de unos los pagamos todos. Tratándose de un roscón de reyes, saquen uds. sus propias conclusiones. No hay que pensar mucho, la verdad.

Mensajito navideño

En un conocido bar beharaui situado junto al campo de golf, tenis y squash (sí, han leído bien campo de golf en un pueblo de montaña) pusieron este anuncio, quizá antes de las fechas navideñas. Muy ilustrativo, la verdad, a pesar de la nefasta redacción y los errores sintácticos, ortográficos y de diseño. Tampoco se les puede pedir más, son hosteleros, no van a andar con menudencias lingüísticas.

La duda

Vivimos en un mundo hiperpublicitado, casi en cualquier lugar podemos encontrar una pantallita que nos recuerda qué productos debemos comprar para poder sobrevivir en la jungla capitalista y consumista. Cada momento libre de nuestro tiempo es invadido por el golpeteo de la creación de deseos, desde las pantallas y paneles de las autovías, los surtidores de gasolina, los altavoces del supermercado, las navegaciones por la red… Cada uno de nuestros movimientos es monitorizado, almacenado, vendido, analizado y usado para incrementar o dirigir nuestras actitudes hacia los estilos de vida que puede que no nos hagan más felices, pero seguro nos harán más dependientes y más manipulados, hasta el punto de discutir o no relacionarnos con otros congéneres que no están en la misma onda que nosotros. La publicidad, ese arma de destrucción masiva nos invade cada día más y más. Me pregunto, a la vista de decoraciones navideñas como la que ilustra esta entrada, cuánto tiempo tardarán en meternos también la puñalada publicitaria en ellas.

No comprendo

Si hay alguien por ahí leyendo que entienda esta decoración navideña, que haga el favor de perder un minuto y explicármela, porque por más vueltas que le doy no acabo de pillarla. Debo estar algo corto de entenderas últimamente, porque no puedo hacer ninguna asociación entre los personajes (¿reyes?) de los reposteros con alguna iconografía navideña. Parecen reyes, sí, pero de cuento infantil. Menos mal que las luces me dieron la pista identificativa, que si no…

La foto está hecha en Salamanca, por la plaza de San Julián me parece recordar.

Más coyuntura

Ya hemos comentado en estos días que la coyuntura mascarillil se aprovecha profusamente en la decoración. Vean este ejemplo de una clínica de fisioterapia -creo- en la que el pobre esqueleto cojo además de sufrir las pegatinas de colores en sus huesitos, debe soportar la diadema de cuernos de reno y la consabida mascarilla y para remate una pajarita a juego con ella.

Vivir para ver, y espero acordarme de esta entrada a ver cómo se las ingenian para disfrazar al esqueleto para San Valentín, quizá haya pajarita y pajarito.

Inocentes…

Hay quien piensa que el arrancar la última hoja del calendario de 2020 va a cambiar la rotación de la tierra, la fuerza de la gravedad, el paso del tiempo y no sé cuántas cosas más. Ingenuos los ha habido y los habrá siempre. Pero choca que nuestra civilización tecno-ilógica aún dé estos frutos: negacionistas de vacunas, terraplanistas, fumigacionistas y demás inquisidores. Pues sepan, señores y señoras, que el virus no tiene cabeza, ni sistema nervioso, ni inteligencia y en consecuencia le importa un bledo que el año termine en 0 ó en 1, que sea bisiesto o no y, en definitiva se puede asegurar (no decir ni intuir) que las cosas no solo no van a cambiar a mejor si no que, probablemente debido a nuestra estupidez tecno-ilógica, vayamos a empeorar el asunto bastante con las celebraciones navideñas.

Unos inocentes es lo que somos. Y a los inocentes es bien fácil engañarles, como lo hacen y seguirán haciendo. Mientras tanto, hala, a confiar en que de un momento a otro vamos a despertar de nuevo al paraíso de los ríos de leche y miel que el dios de los judíos prometía (dicen) en los viejos escritos.

La coyuntura

Si algo de bueno tiene el/la Covid es que ha servido de excusa para miles de cosas. Una de ellas, quizá la más ingenua, es el uso del elemento como decoración en los escaparates navideños. Aquí tienen una curiosa realización de bellotas y punto (sí, como lo leen), en el que se usa la mascarilla casi hasta para el niño-dios-sol-invicto. Se encuentra en la avda. de Portugal de Salamanca, en una tienda de lanas, claro.

Perrito

Si alguien pensaba que las bolas de espejo de las discotecas eran difíciles de superar, se equivoca. Vean el perro ¿dálmata? decorado con espejitos y re-decorado para la ocasión con el consabido gorrito rojo puesto con una gracia y una elegancia digna de nota. Es enorme, puede que mida más de metro y medio. Está en Salamanca, en la calle Toro concretamente, por si alguien quiere ir a disfrutar del espectáculo.

Si no tocó la lotería…

… debe aguzarse el ingenio para las decoraciones de bajo coste. La que presento aquí está hecha con un palé de carga hábilmente recortado y coloreado. En estos casos es más valioso el tiempo gastado en la confección que el precio de los materiales. Como la imaginación no es siempre el mejor atributo de nos ha dotado la naturaleza* pues coger ideas ajenas y reutilizarlas es una buena opción y además, en este caso, colorista y ajena al tráfago religioso.

* Quod natura non dat Salmantica non praestat – «Lo que la naturaleza no da Salamanca no lo presta» dice un viejo adagio que circulaba entre la casta universitaria y que pasó al acerbo popular. En nuestro caso lo que la naturaleza nos negó lo tomamos «prestado» de otros. Hoy día vía Internet.

No puedo estar más de acuerdo

En un escaparate de una óptica, creo, encontré este adornito con el que, por una vez, no puedo dejar de estar de acuerdo. De hecho lo único que vale de la puta navidad es juntarse con la gente que quieres, familiares y amigos. Sin embargo toda moneda tiene cara y cruz, y este caso no es una excepción. La cruz suelen ser las reuniones familiares en las que tienes que juntarte con gentuza que no soportas y con la que estarías bien contento de emprenderla a leches con ellos. Y ellas, que no se libra ni dios. Quitando esas fruslerías de discusiones y esos personajes insoportables, estoy de acuerdo con la maderita policromada de la tienda a pesar del error a pesar de lo mal que suena la mezcla de singulares y plurales. Olvidémoslo, quitémosle importancia porque total, en Tele5 hablan peor y salen en la tele todos los días.

En un escaparate de una óptica, creo, encontré este adornito con el que, por una vez, no puedo dejar de estar de acuerdo. De hecho lo único que vale de la puta navidad es juntarse con la gente que quieres, familiares y amigos. Sin embargo toda moneda tiene cara y cruz, y este caso no es una excepción. La cruz suelen ser las reuniones familiares en las que tienes que juntarte con gentuza que no soportas y con la que estarías bien contento de emprenderla a leches con ellos. Y ellas, que no se libra ni dios. Quitando esas fruslerías de discusiones y esos personajes insoportables, estoy de acuerdo con la maderita policromada de la tienda a pesar del error a pesar de lo mal que suena la mezcla de singulares y plurales. Olvidémoslo, quitémosle importancia porque total, en Tele5 hablan peor y salen en la tele todos los días.

Estaba pensando que algunas personas sufrirán este año por no reunirse con «los suyos» (que a menudo son «los otros») y no poder besarse, abrazarse, emborracharse e insultarse. Incluso hasta contagiarse. Me pregunto ¿No habrá habido nadie que esté deseando acudir a una de estas reuniones con aviesas intenciones homicidas? Seguro que sí. No me cabe la menor duda de que las restricciones al movimiento igual hasta salvan a alguno de cometer una tropelía familiar con nocturnidad, alevosía, premeditación y regodeo.

Hala, vayan uds. a escuchar al rey chico en uno de los pocos días que se gana el caviar el angelito.