Soplar y sorber

O la contradicción como modo de vida. Estamos justo justito en esa época en la que lo normal es comer como cerdos, beber como camellos y luego viene la cuesta de enero con sus quilitos de más, sus propósitos incumplidos y demás. Pero aquí, lo que importa es ante todo vender. Porque por lo visto lo que hace que gire la tierra y el sol nos ilumine es el comercio. Y para vender habrá que aprovechar cualquier resquicio, así que si en la navidad se engorda y se regala pues nada mejor que intentar convencer al pueblo de que se puede regalar un régimen de adelgazamiento. Primero te cebas y luego te descebas, fácil.

¿Qué pensaría el amable lector si alguien le regalase una dieta?¿Montaría en cólera y se enfadaría con el regalante?¿O por el contrario aguantaría el tipo y seguiría la indicación? Habrá variedad de respuestas, claro, que quizá dependan del número que indique la báscula el día 2 de enero.

La foto con la que se ilustra esta entrada está tomada en un herbolario salmantino que ha decorado su escaparate con estas premisas, de ahí la presencia de un adelgazante y la sugerencia del regalo.

Engordar para luego adelgazar.

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